El frio que rompe mi nariz
Las piedras se hielan en mis lacrimales
Viejo Osiris, esta pared ya quedó atrás
Todo ya se ha retraído en la cósmica ecuación
Dios sabe que mi heredad es piedra inerte
Sueños desorbitados
elementos contrapuestos y el humo de los ojos
suprimiendo caminos
hiriendo superficies, calentando mis brazos
Supimos jugarnos la vida
por los días
La felicidad es un monstruo
que transita juguetón
por mis entrañas
[sensaciones abrasantes que me mantienen vivo]
Somos lo que nunca fuimos
un recuerdo feliz
en los sueños de un suspiro
que se aleja por los brazos de la muerte.
Los perros arteriales
son amigos cuando los amigos
no están lejos
[Vámonos a jugar por los inicios
del cielo abramos paredes en las calles
vacías
robémosle un pan al limosnero
más pobre
riámonos del sueño más
podrido del mundo
acabemos de una vez por todas
con la soledad]
Piensa que mañana será otro día
y tal vez, solo tal vez,
yo ya no quiera estar a tu lado.
La tarde es oscura
como mis ojos.
Mi cuerpo es de plomo
y parece que mi
espíritu es
una hebra de
tabaco.
Me retuerzo en la cama,
acabo de romper
mis manos.
Con una sinfonía
intravenosa.
No queda más.
Me esconderé bajo tu almohada
[¿Me buscarás?]
"La intro es un poema devastadoramente hermoso..."
Héctor Hernández Montecinos



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